sábado, 30 de octubre de 2010

El escudo natural que protege del sida




La irrupción en 1996 de la terapia antirretroviral de alta eficacia (TARGA) cambió para siempre el pronóstico de los infectados por el VIH que, hasta esa fecha, morían pocos años después de la infección, cuando el virus aniquilaba su sistema inmunitario.


Sin embargo, hubo un pequeño grupo de pacientes que no se benefició de este avance. Por razones desconocidas, su organismo efectuaba por sí solo las labores de los antirretrovirales, es decir, mantener el VIH a raya. Se bautizó a estos individuos como controladores de élite.

Desde el principio de la epidemia, los investigadores vigilaron muy de cerca a estos pacientes, que representan a entre el 1% y el 5% del total de infectados 33,4 millones, 22 de ellos residente en África subsahariana. La tesis era sencilla. Si se conseguía imitar en un laboratorio el proceso que llevaba al organismo de estos pacientes a impedir la replicación del VIH, se habría encontrado una solución definitiva. Los pacientes vivirían con el virus pero no requerirían de un tratamiento crónico y con algunos cada vez menos efectos secundarios.

Sin embargo, ya desde los primeros años de investigación, se observó que no iba a ser fácil identificar las características que definían al controlador de élite. Por el contrario, el estatus parecía deberse a una "multitud de factores" que han ido desvelándose poco a poco a lo largo de estos años.

Un equipo de investigadores del Hospital Clínic y el Instituto de Investigación Biomédica IDIBAPS de Barcelona añadió el jueves una pieza más a este rompecabezas, identificando uno de los mecanismos que podrían explicar por qué algunos están protegidos naturalmente contra la acción del VIH. El jefe del Servicio de Enfermedades Infecciosas del Hospital Clínic, Josep Mª Gatell, explica que, según su trabajo publicado en PLoS One las células dendríticas (parte del sistema inmunitario) de estos pacientes secretan, al entrar en contacto con el VIH, de cinco a 10 veces más cantidad de unas moléculas llamadas alfa defensinas que las de los seropositivos que sí requieren de medicación.

"Ya sabíamos que estas células tenían una actividad antiviral y que influían en el sistema inmunológico, pero no, en concreto, contra el VIH", comenta el especialista. Lo que se persigue ahora es saber si se podría extrapolar a este efecto para que tuviera lugar en el resto de seropositivos, algo que es imposible predecir por el momento. "Si se confirman los resultados de este estudio con una muestra más amplia de pacientes, se podría saber qué hay que pedirle a una vacuna: en este caso, que sea capaz de fabricar más alfa defensinas", comenta el coordinador de la Red Española de Investigación de Sida (RIS) y director del Laboratorio de Inmunopatología del Sida del Instituto Carlos III de Madrid, José Alcamí.

Este especialista apunta a que existen otros factores que explican a los controladores de élite, como algunos marcadores del sistema HLA. el conjunto de genes implicados en el reconocimiento de las defensas.

El equipo del director del Ragon Institute un centro del MIT y la Universidad de Harvard (EEUU), Bruce D. Walker, es uno de los más avanzados del mundo en el estudio del los controladores de élite. Allí ejerce como investigadora postdoctoral la principal autora del estudio español, Marta Rodríguez-García.

La clave del éxito de este grupo reside, además de en su financiación, como resalta Gatell, en la enorme cantidad de controladores de élite de la que disponen para investigar, 1.725 afortunados de todo el mundo, incluyendo 81 españoles.

La mayoría de las muestras nacionales estudiadas provienen del biobanco de VIH del RIS, emplazado en el Hospital Gregorio Marañón de Madrid. Su directora, María Ángeles Muñoz, explica que disponen de muestras de 298 individuos no progresores a largo plazo (otra denominación para los controladores de élite) y que son "de las más solicitadas", junto con las de otro peculiar tipo de seropositivos, los llamados progresores rápidos (que desarrollan el sida mucho antes que la media de infectados por el VIH).

Muñoz comenta que actualmente hay en marcha "entre 10 y 12 proyectos" con las muestras de los controladores de elite. Aunque estos afectados son, sin duda, afortunados, la investigadora comenta que "puede llegar un momento en que sí necesiten medicación y aún no se sabe por qué".

Sexo con protección
Aunque Muñoz conoce casos de personas que llevan 25 años con el VIH y sin TARGA, advierte de que estos "no pueden practicar sexo sin protección" porque "siguen pudiendo transmitir el virus". Además, recalca, "si te infecta un no progresor no quiere decir que tú no vayas a requerir de terapia".

Alcamí advierte, además, de que algunos de estos seropositivos acaban requiriendo de terapias precisamente por no tomar precauciones. "Se sobreinfectan con otro virus y ese sí consigue replicarse", apunta.

Este dato señala otra de las posibles explicaciones de los controladores de élite, lo que Gatell denomina como "virus tonto". Son virus defectivos que tienen menos capacidad infecciosa. Para Alcamí, los factores del huésped (el humano infectado) son mucho más fuertes que los del virus.

Este experto ha estado en la última Conferencia sobre Retrovirus celebrada recientemente en San Francisco donde se han presentado estudios sobre controladores de élite. A su juicio, un asunto interesante es la identificación de animales en los que especies completas se comportan como tales, frente a otras similares en los que el virus del sida simio mata a los animales infectados. "Ocurre con el mono verde africano, que resiste al Virus de Inmunodeficiencia Simia, mientras que un primo suyo, el de la cola blanca, muere con la misma infección". "Cuando se conozca qué elementos influyen en esa inmunidad de toda la especie se podrán intentar buscar en humanos", comenta.

El trabajo publicado en PLoS One supone, como resalta Muñoz, "otro punto más" en el intrincado laberinto de la relación entre el VIH y el sistema inmunológico. Encontrar la salida del mismo supondrá lo que desean todos los investigadores y enfermos: la vacuna terapéutica del sida.

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